- FICHA TÉCNICA

- Producida por Marcel Barbert, guión de Francois Truffaut & Jean Gruault, fotografía de Nestor Almendros ( B/N), musica de autores clásicos, montaje de Angés Guillemot, decoración del set de Jean Mandaroux, vestuario de Gitt Magrini, maquillaje de Nicole Félix
- FICHA ARTÍSTICA
- Intérpretes: Francois Truffaut, Jean-Pierre Cargol, Francois Seigner, Jean Dasté, Annie Miller, Claude Miller, Paul Villé, Matthieu Schiffman.
- Género: Drama de época verídico. Duración: 1 hora 21 minutos
ARGUMENTO
En el año 1798 encuentran en un bosque de Francia a un niño salvaje que no puede caminar, hablar, leer ni escribir. El Doctor Jean Itard se interesa por él e inicia su educación.
A pesar de que esa educación será lenta, costosa y posiblemente sin buenos resultados, Itard se entrega a ella, ayudada por su fiel y cariñosa ama de llaves, la Señora Guerin.
CRÍTICA
Francois Truffaut (1932-84) fue actor, guionista y director, uno de los mejores de su generación. Nacido en París de madre soltera, tardó muchos años en conocer a su padre. El arquitecto y decorador Roland Truffaut-compañero sentimental de su madre- le inscribió en el registro como hijo suyo. El pequeño Truffaut tuvo una relación bastante fría con su madre, que le dejaba al cuidado de una niñera, hasta que le rescató su abuela, que le contagió su amor por la literatura y la música. A la muerte de esta, tiene que volver a vivir con su madre y su compañero, pero ante la falta de cariño de estos, se refugia en la literatura y el cine, al que acude habitualmente.
No fue precisamente un estudiante modelo, se escapaba y mentía, sobre todo para poder ir al cine, y acabó convertido en un adolescente conflictivo que no paraba de meterse en lios. Parecía predestinado al reformatorio, donde fue recluido por su padrastro. Resultó providencial para Truffaut su encuentro con André Bazin, el patriarca de la crítica francesa. El chico había creado su propio cineclub, “Le cercle cinemanie”, que financiaba gracias a su trabajo como mensajero y “chico para todo” en un mercado. Sus sesiones no tenían el éxito esperado porque coincidían con las de Bazin. El chico, con solo 16 años, se fue a ver a Bazin para exigirle que cambiase el día de sus proyecciones. A este le cayó en gracia, se convirtió en su protector, y le contrató como secretario personal y para escribir sus revistas, lo cual le libraría del reformatorio. Truffaut se lo agradecería toda la vida.
En la Cinemacoteca Nacional del París fue donde más aprendió de cine, marcándole especialmente los clásicos del cine americano, sobre todo John Ford, Howard Hawks, Nicholas Ray y Alfred Hitchcock, al cual dedicaría años después un libro legendario (“El cine según Hitchock” publicado en 1966) . En la revista “Cahiers du cinema”– fundada por Bazín en 1951- Truffaut colaboraría con futuros directores como Jacques Rivette, Jean-Luc Goddard, Claude Chabrol y Eric Rohmer, todos con talento y que cambiarían para siempre el cine francés, fundando el célebre movimiento “Nouvelle Vague” creado por el propio Truffaut en 1954 y que se oponía al cine hecho en Francia, sobre todos a los films acartonados y producciones literarias, que no reflejaban el punto de vista personal del director. Ese mismo año Truffaut debuta tras la cámara con el corto “Una visite” y luego “Les Mistons” (1955).
Le ayudó a conseguir financiación y seguir rodando películas su matrimonio con Madeleine Morgenstein en 1957, hija de un importante distribuidor. Aunque tuvo dos hijas acabó divorciándose en 1965. En 1959 su suegro le financia su primer largometraje “Los cuatrocientos golpes”, desgarradora y sentida mirada a su infancia, y una de las primeras películas de la “Nouvelle Vague”. El film obtiene un gran éxito y numerosos premios. En 1960 rueda “Disparad sobre el pianista”, brillante homenaje a su admirado cine negro americano, basada en la novela de David Goolis, pero el film fracasa porque la gente no le gusta el cine de la “Nouvelle Vague” (les parece demasiado intelectual). Al final el movimiento se disgregó y sus autores se dedicaron a un cine más comercial. Obsesionado por analizar una infancia tan desastrosa como la suya, Truffaut inicio un saga con el Antoine Doinel (siempre interpretado por Jean-Pierre Leaud) en el corto “Antoine & Collette” del film colectivo “El amor a los veinte años” (1962), “Besos robados” (1968), “Domicilio conyugal” y “El amor en fuga” (1979), contando en todas ellas su vida y amores. También recuperó el tema de la infancia perdida en “El pequeño salvaje” (1970) y “La piel dura” (1976), sobre la relación de los educadores y los niños.
El cineasta también rindió homenaje a sus pasiones culturales recreando el mundo del cine en “La noche americana” (1973), homenajeando al teatro en “El último metro” (1980); reivindicó el valor de la lectura con “Fahrenheit 451” (1966), adaptación de la clásica novela de Ray Bradbury, “Diario íntimo de Adele H” (1975) y otras adaptaciones literarias como “La sirena del Mississippi” (1969), “Las dos inglesas y el amor” (1971), “La habitación verde” (1978) o “Vivamente el domingo” (1983), su último film. Truffaut nunca consiguió la estabilidad, tuvo muchas relaciones fallidas, y fue compañero de la actriz Fanny Ardant, con la que rodó tres películas. La búsqueda del amor y las relaciones sentimentales son dos de los grandes temas de su filmografía, presentes en film como “Jules et Jim” (1962) o “La piel suave”.
Aunque se convirtió en un director consagrado, nunca dejó de escribir sobre cine (el libro sobre Hitchock el ejemplo más conocido) y se convirtió en el inspirador para los directores americanos posteriores, especialmente para Steven Spielberg, seguidor suyo, que le contrató para su magistral obra de ciencia-ficción “Encuentros en la 3º Fase” (1977), como científico francés que intentaba comunicarse con los extraterrestres. Truffaut murió a los 52 años, por un tumor cerebral. Con él se fue uno de los grandes maestros del cine.
“El pequeño salvaje” es una de sus mejores obras, donde trata el tema de la infancia. Su dirección, como siempre es muy buena, con cierto aire documental, que aumenta el realismo de la historia. El guión está muy bien desarrollado y permite el lucimiento de sus excelentes actores, sobre todo el propio Truffaut y el desconocido Jean-Pierre Cagol, magistral en su papel del niño salvaje Victor. Todo esto acompañado por un cuidado montaje, una bellísima fotografía del maestro Nestor Almendros y una cautivadora música (casi toda de Mozart y Vivaldi). El film tiene momentos muy duros (la morbosa visita de la gente a la clínica para satisfacer su curiosidad) y muy tiernos (la visita del doctor y el niño a unos vecinos) donde se critica las carencias e injusticias de la época y se aboga por la dignidad y la educación de las personas, incluso de las llamadas “anormales). En resumen, una bellísima y magistral película recomendada a los amantes del gran cine.